Me encanta el estilo coloquial de Aníbal Fernández, nuestro Ministro del Interior. Lo digo porque aunque no comparta absolutamente nada de lo que afirma, debo reconocer en el titular de la cartera dotes especiales que le distinguen al momento enfrentar a los micrófonos, luciendo una dinámica verbal sorprendente.
En todos estos años de práctica democrática ininterrumpida nos acostumbramos a la destreza argumental de muchos personajes políticos; de hecho, llegué a envidiar a algunos que con lenguaje epicúreo, bribón y sagaz, se metieron al bolsillo a más de media ciudadanía con artilugios poco digestivos. Pero Aníbal Fernández, aún presionado por la opinión pública, sale al ruedo con jerga diestra, aunque poco florida, para que no queden dudas de lo que dice y que todo el mundo lo entienda.
Es sabido que la cuestión de la inseguridad molesta y fastidia al Presidente Kirchner quien apuntó a Fernández en conocimiento de la próxima concentración que Juan Carlos Blumberg organiza, masivamente, para manifestar en la Plaza de Mayo en reclamo de una mayor acción del gobierno. Sin embargo, después de afirmar “yo no renuncio ni al tute” cuando los periodistas le preguntaron si había desistido a su eventual candidatura a gobernador de la provincia de Buenos Aires, el ministro aprovechó para aporrear a Mauricio Macri, últimamente su blanco predilecto debido a la crítica visión del empresario y legislador del PRO en materia de políticas de seguridad. Es conocido que Macri, ante el aumento de la tasa delictiva, responsabilizó a Aníbal Fernández por ocultar las estadísticas oficiales, razón por la cual el funcionario considera que Mauricio “de Los Teritos para acá nunca más leyó un libro que tenga que ver con la formación” y que solo dice “burradas inimaginables”.
Mauricio Macri no es un tipo que se haya ganado el apoyo popular por más que conduzca los destinos y el sentimiento de la mitad más uno. Tampoco es burro, pero sea por la turbia herencia familiar o por su condición política, apenas estrenada y hasta deslucida, no mueve multitudes. Lo cierto es que trascendiendo el ámbito de discusión el delito sí engrosa las estadísticas, aunque el ministro considere que es una circunstancia meramente mediática y, de paso, no pierda oportunidad para devolver gentilezas a Macri y a todo aquel que ponga en duda la efectividad de su gestión.
A mí no me convence ninguno de ellos, aún la veracidad de los hechos, pero la única diferencia es cómo llega el mensaje; y como corren tiempos donde lo menos preciado es la educación vale más la viveza criolla y el artificio que las buenas maneras. Y eso a Aníbal Fernández parece caerle como anillo al dedo.
A propósito… Alguien leyó “Los Teritos”?...

